Cada año hubo una competición literaria entre las escuelas del país organizado en mi escuela segundario. Afortunadamente, ese año tuve la oportunidad para representar mi escuela y competir. Era un día frío de diciembre. La clase estaba llena de estudiantes en uniformes diferentes. Por fin, el aguja horario tocó el doce y la competición empezó. Recibí el papel con el tema para el ensayo y pensé por algunos minutos. Cuando sentí que tenía bastantes cosas para comenzar, saque mi bolígrafo de mi bolsillo y empecé a escribir el titulo.

En menos de un segundo, sentí la sensación del resfriado. Podía sentir la velocidad de la sangre en mis venas va al doble de velocidad. Mis labios estaban secos y mis manos sudaban. Me di cuenta de que mi bolígrafo no funcionaba.

Inmediatamente lo abrí para verificar el nivel de la tinta. Yo supe que como siempre la había llenado en la mañana. Sin duda vi que el bolígrafo estaba lleno. Lo sacudí muchas veces pero todavía no funcionaba. Estaba muy nerviosa y frustrada. No podía comprender que había pasado con mi bolígrafo.

Quise va prestar un bolígrafo de otro estudiante, pero el procurador me miró fijamente. Tenía gafas con montura negra y gruesa, bigote grande y barba oscura. Se cruzó de brazos y parecía muy estricto y antipático. Cuando vio que estaba moviendo me mucho, vino cerca de mi silla y me pidió a hacer mi trabajo sin molestando otras personas o salir de la clase.

Tenía mucho miedo, pero no podía pensar en otras opciones. Recordé como mis padres y mis profesores esperaban. Después de todas las prácticas y las preparaciones, ellos confiaban en que yo podría escribir el mejor ensayo y ganaría la competición. Sola pensaba sobre todas las personas que me dio deseos buena suerte.

Desafortunadamente, sola tenía media hora. Estaba desanimada, triste y sin esperanza. Una lágrima cayó de mis ojos a la punta de mi bolígrafo. Por última vez tomé mi bolígrafo e intenté escribir. Sorprendentemente, funcionó. No podía entender que había pasado, pero fue como un milagro.

Borré mis lágrimas y instantáneamente comencé a escribir el ensayo. Me enfoqué en el tema y todas mis ideas vinieron rápidamente. Mis palabras fluyeron sin parada. Mis letras fueron extraordinariamente bonitas y nítidas. Estaba conmocionada, pero toda mi concentración estuvo en el ensayo. En algunos minutos, el procurador pidió poner le el fin a nuestro ensayo y que salir de la clase.

Después de algunos días, la directora de mi escuela me dijo que gané la competición y también recibí notas extra para mis letras. Compartí todo sobre lo que pasó ese día con mi bolígrafo. También, después ese día el bolígrafo nunca funcionó otra vez. Sin duda, fue un milagro.